Herrería
HERRERÍA
De las minas de Bielsa, que abrían sus bocas en las laderas inhóspitas de montañas muy altas, extraían un mineral de excelente calidad. Lo bajaban a la villa, a Javierre o a Salinas y allí, en las antiguas fargas que se alzaban junto al río, producían un hierro muy apreciado. El hierro de Bielsa surtió durante muchos años las fraguas del Alto Aragón.
En cada pueblo, en cada aldea, en cada casa aislada había una herrería. Era un local oscuro, poblado de luces y ruidos misteriosos: el aliento jadeante y acompasado del fuelle o manchón, los golpes enérgicos que soportaba el sufrido yunque, el siseo cortante del hierro caliente cuando penetraba en el agua, la llama menuda y hiriente del carbón encendido… En el local ahumado reinaba el herrero.
Había muchos herreros en el Alto Aragón: aguzaban azadas y rejas de arado; fabricaban hachas, cuchillos, bisagras, cerrojos y clavos; herraban los animales de labor… Su trabajo los hacía imprescindibles en cada comunidad.
Algunos eran muy creativos; plasmaban su afán artístico en la decoración de fallebas o llamadores magníficos para embellecer las recias puertas de las casas montañesas.
