Museo de Artes y Oficios

Textil y tejidos

Planta Segunda

TEJIDOS

En las noches de invierno, que llegan tan temprano, las mujeres hilaban cerca del fuego. Era un trabajo lento: «Poco se gana hilando», decían, «pero menos mirando». Hablaban y miraban mientras hacían girar el huso. El ovillo iba creciendo en torno al eje pulido, que daba vueltas y más vueltas. Un ovillo, y otro, y otro más: hacían falta muchos para una manta, para una sábana, para una camisa.

Hilaban cáñamo y lana. Aquellas fibras sueltas, cuando llegaban a la rueca para comenzar a trenzarse bajo las órdenes de las vueltas del huso, habían dado ya mucho trabajo. Desde que se esquiló la oveja o se sembró cáñamo en el huerto, se habían sucedido las tareas: en las balsas o en el río, con las cardas, con la gramadera…

Los ovillos —blanqueados y clasificados según el grosor del hilo— se llevaban al tejedor. Los tejedores abundaron en el Alto Aragón. Trabajaron en los viejos telares instalados en sus viviendas. Los últimos tejedores tradicionales de la región estuvieron en activo en la comarca de Sobrarbe hasta hace relativamente poco: los afamados tejedores de Javierre de Ara produjeron mantas y colchas muy vistosas hasta los años sesenta; el tejedor de Guaso mantuvo su oficio hasta comienzos de la última década del siglo XX.

Textil y tejidos

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